Hace meses que la vi, sin embargo no consigo olvidarla.
Un día primaveral, poco distinto de los demás días de mi vida.
Hasta que ella apareció.
Se movía con ligereza, esquivando la marea humana que desbordaba las calles.
Zig, zag, zig, zag.
Veloz, indiferente, escurridiza.
Pronto mi asombro se transformó en sonrisa interminable.
Una sonrisa que surgía como una cascada a través de mis labios.
Una sonrisa que permanece conmigo desde entonces, cada vez que mis pensamientos vuelan al compás del batir de sus alas.
Una mariposa en la Gran Vía.
Ahora sé que no hay por qué preocuparse.
Sobreviviremos a todo.
martes, 7 de abril de 2009
viernes, 3 de abril de 2009
jueves, 2 de abril de 2009
CABEZAS HUECAS
Hoy les he visto. Un día más. Pero ha tenido que ser hoy el día en que me haya dado cuenta. Stress es tres, tres. Y ellos son tres. Uno. Dos. Tres.
Paso deprisa, con el andar acelerado, no quiero retrasarme, la idea de no llegar más tarde que otros días les da alas a mis zapatos. Les miro de reojo, tal vez hoy me haya permitido la licencia de mirarles fijamente. Somos viejos conocidos.
Tal vez sea por eso que hoy es el día. Los cables se escurren entre los cuellos de punto y anorak, enredándose entre sí como madejas que oprimen y cortan el aliento.
¡Eo! ¡Hey! ¿Hay alguien ahí? Me miran pero me pregunto si en realidad me ven. Lo dudo. La sonrisa se desvanece para dar paso a la decepción, a la amargura de ser consciente de todo, en ese momento de lucidez del que huyo constantemente.
Uno. Dos. Tres. En realidad, ninguno.
Paso deprisa, con el andar acelerado, no quiero retrasarme, la idea de no llegar más tarde que otros días les da alas a mis zapatos. Les miro de reojo, tal vez hoy me haya permitido la licencia de mirarles fijamente. Somos viejos conocidos.
Tal vez sea por eso que hoy es el día. Los cables se escurren entre los cuellos de punto y anorak, enredándose entre sí como madejas que oprimen y cortan el aliento.
¡Eo! ¡Hey! ¿Hay alguien ahí? Me miran pero me pregunto si en realidad me ven. Lo dudo. La sonrisa se desvanece para dar paso a la decepción, a la amargura de ser consciente de todo, en ese momento de lucidez del que huyo constantemente.
Uno. Dos. Tres. En realidad, ninguno.
lunes, 15 de diciembre de 2008
EGOÍSMO
"Descansen pues las mujeres de las salas del ala derecha, con el mal de mis vecinas yo puedo, palabras que ninguna pronunció pero que todas pensaron, en verdad está aún por nacer el primer ser humano desprovisto de esa segunda piel a la que llamamos egoísmo, mucho más dura que la otra, que por nada sangra."
(Ensayo sobre la ceguera, José Saramago).
miércoles, 19 de noviembre de 2008
PERO QUÉ CIERTO...
Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano y encadenar un alma, y uno
aprende que el Amor no significa recostarse y una
compañía no significa seguridad.
Y uno empieza a aprender que los besos no son
contratos y que los regalos no son promesas y uno
empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y
los ojos abiertos, con la gracia de una mujer y no con
el dolor de un niño...
Y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para
planes. Y los futuros tienen una forma de caerse en la
mitad, y después de un tiempo uno
aprende que si es demasiado, hasta el calorcito del
sol quema.
Así, que uno planta su propio jardín y decora su
propia alma, en lugar de esperar a que alguien le
traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno es
realmente fuerte, que uno realmente vale, y uno
aprende y aprende... con cada adiós, uno aprende.
entre sostener una mano y encadenar un alma, y uno
aprende que el Amor no significa recostarse y una
compañía no significa seguridad.
Y uno empieza a aprender que los besos no son
contratos y que los regalos no son promesas y uno
empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y
los ojos abiertos, con la gracia de una mujer y no con
el dolor de un niño...
Y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para
planes. Y los futuros tienen una forma de caerse en la
mitad, y después de un tiempo uno
aprende que si es demasiado, hasta el calorcito del
sol quema.
Así, que uno planta su propio jardín y decora su
propia alma, en lugar de esperar a que alguien le
traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno es
realmente fuerte, que uno realmente vale, y uno
aprende y aprende... con cada adiós, uno aprende.
(Jorge Luis Borges).
martes, 18 de noviembre de 2008
¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ?

¿Por qué no lo he hecho? ¿Por qué, por unos instantes, he sido como ellos? Como esa masa inerte que me rodea, inmersa en un mundo inexistente, creado a su medida con tal de permanecer aislados, con una felicidad - más bien impasibilidad -, de pega, que no se corresponde - ¿o sí?¡No! - con su hueco interior.
No lo he hecho y me siento mal porque a menudo las cosas suceden porque no hay quien las evite o las quiera evitar.
Yo no sueño con ovejas eléctricas, sueño con personas de carne y hueso, de interior blandito, emocionantes y, sobre todo, capaces de emocionarse.
Y me resisto a parecerme a ellos; lo hoy sucedido me reafirma en mis convicciones. No voy a ceder al desaliento ni ante la falta de gratitud.
Me gusta cómo soy. No me desanimo.
Why so serious?
* Fotografía: bolboreta.
viernes, 14 de noviembre de 2008
Miro a través de los cristales, sucios y rayados a conciencia, me acomodo lo mejor que puedo entre la masa humana que me rodea. Hoy no reconozco las formas, no miro a los ojos, hoy la cabeza se inclina hacia abajo.
La música me inunda, cada poro de mi piel atiende a las notas que salen de los auriculares. La terapia no funciona, debería pulsar el pause, pero no puedo.
Miro a lo lejos pero, de pronto, mi vista empieza a colarse en los utilitarios que nos adelantan con furia. ¡Voy a llegar tarde! No puedo dejar de observarles y es inevitable sacar precipitadas conclusiones. Las familias y los amigos no se hablan, ni se miran, el sueño se escapa de sus pupilas pero el hastío es más fuerte todavía.
No quiero llegar al despacho. Yo tampoco quiero hablar hoy.
La música me inunda, cada poro de mi piel atiende a las notas que salen de los auriculares. La terapia no funciona, debería pulsar el pause, pero no puedo.
Miro a lo lejos pero, de pronto, mi vista empieza a colarse en los utilitarios que nos adelantan con furia. ¡Voy a llegar tarde! No puedo dejar de observarles y es inevitable sacar precipitadas conclusiones. Las familias y los amigos no se hablan, ni se miran, el sueño se escapa de sus pupilas pero el hastío es más fuerte todavía.
No quiero llegar al despacho. Yo tampoco quiero hablar hoy.
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